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2022-03-16
Las playas del mar de Azov por Carlos Vidali Rebolledo
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poemas,
poemas carlos vidali
2020-02-12
De impredecibles dichas y torturas
De impredecibles dichas y torturas
se va haciendo el inminente futuro,
en el que enfrentaremos más de un muro
de grandes rocas ásperas y duras.
La dicha será encontrar las aperturas
para poder respirar un aire puro.
Tortura será ver mientras maduro
que no logro salir por las fisuras.
Estamos encerrados en terrible
prisión de halagos, culpas y prejuicios,
no nos queda sino buscar escape
hacia una situación más apacible;
aunque enfrentemos altos precipicios,
evitemos que el destino nos atrape.
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poemas carlos vidali
2008-06-02
Que lindo soy, que bonito soy...
Oda a Narciso
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Te contemplo contemplarte
en el estanque
y me conmuevo:
¡Soy yo mismo mirando
mi reflejo!
Voluptuosidad y hermosura
se unen a un amor
incondicional y eterno (mientras viva)
Mi vida se va en ello.
A lo lejos los lamentos
entrecortados,
repetitivos
y aburridos
de la olvidada Eco,
la pobre no sabe
que amar es primero
amarse uno mismo intensamente .
¿Puedes ver más allá Narciso,
de tu equilibrado rostro
y tu robusto cuerpo?
¿Ir más allá de tu iluminado pensamiento?
"¿A dónde más podría ir
si en mi contemplación
encuentro éxtasis y sosiego,
y si el mundo a mi alrededor
no es sino un margen
oscuro del espejo?
Aquí me quedo,
y el que quiera
disfrutar conmigo
del universo y sus regalos
que aprenda a disfrutarse en el espejo."
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Te contemplo contemplarte
en el estanque
y me conmuevo:
¡Soy yo mismo mirando
mi reflejo!
Voluptuosidad y hermosura
se unen a un amor
incondicional y eterno (mientras viva)
Mi vida se va en ello.
A lo lejos los lamentos
entrecortados,
repetitivos
y aburridos
de la olvidada Eco,
la pobre no sabe
que amar es primero
amarse uno mismo intensamente .
¿Puedes ver más allá Narciso,
de tu equilibrado rostro
y tu robusto cuerpo?
¿Ir más allá de tu iluminado pensamiento?
"¿A dónde más podría ir
si en mi contemplación
encuentro éxtasis y sosiego,
y si el mundo a mi alrededor
no es sino un margen
oscuro del espejo?
Aquí me quedo,
y el que quiera
disfrutar conmigo
del universo y sus regalos
que aprenda a disfrutarse en el espejo."
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poemas carlos vidali
2008-05-06
Divertido y peligroso: subirse a los árboles
Pierre Louÿs - Les Chansons de Bilitis - texte intégral, version pdf et papier possibles
I
El árbol
copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo
Me desvestí para subir a un árbol; mis muslos desnudos abrazaban la corteza lisa y húmeda; mis sandalias caminaban sobre las ramas.
En lo más alto, pero todavía bajo las hojas y a la sombra del calor, me monté a caballo sobre un horcón balanceando mis pies en el vacío.
Había llovido. Caían gotas de agua que recorrían mi piel. Mis manos estaban manchadas de musgo, los dedos de mis pies estaban rojos, por las flores que habían aplastado.
Sentí vivir al bello árbol cuando el viento lo atravesó; entonces apreté mis piernas más todavía y posé mis labios abiertos sobre la nuca con cabello de una rama.
I
El árbol
copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo
Me desvestí para subir a un árbol; mis muslos desnudos abrazaban la corteza lisa y húmeda; mis sandalias caminaban sobre las ramas.
En lo más alto, pero todavía bajo las hojas y a la sombra del calor, me monté a caballo sobre un horcón balanceando mis pies en el vacío.
Había llovido. Caían gotas de agua que recorrían mi piel. Mis manos estaban manchadas de musgo, los dedos de mis pies estaban rojos, por las flores que habían aplastado.
Sentí vivir al bello árbol cuando el viento lo atravesó; entonces apreté mis piernas más todavía y posé mis labios abiertos sobre la nuca con cabello de una rama.
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pierre louÿs,
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traducciones
Pierre Louÿs - Les Chansons de Bilitis - texte intégral, version pdf et papier possibles
I
El árbol
copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo
Me desvestí para subir a un árbol; mis muslos desnudos abrazaban la corteza lisa y húmeda; mis sandalias caminaban sobre las ramas.
En lo más alto, pero todavía bajo las hojas y a la sombra del calor, me monté a caballo sobre un horcón balanceando mis pies en el vacío.
Había llovido. Caían gotas de agua que recorrían mi piel. Mis manos estaban manchadas de musgo, los dedos de mis pies estaban rojos, por las flores que habían aplastado.
Sentí vivir al bello árbol cuando el viento lo atravesó; entonces apreté mis piernas más todavía y posé mis labios abiertos sobre la nuca con cabello de una rama.
I
El árbol
copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo
Me desvestí para subir a un árbol; mis muslos desnudos abrazaban la corteza lisa y húmeda; mis sandalias caminaban sobre las ramas.
En lo más alto, pero todavía bajo las hojas y a la sombra del calor, me monté a caballo sobre un horcón balanceando mis pies en el vacío.
Había llovido. Caían gotas de agua que recorrían mi piel. Mis manos estaban manchadas de musgo, los dedos de mis pies estaban rojos, por las flores que habían aplastado.
Sentí vivir al bello árbol cuando el viento lo atravesó; entonces apreté mis piernas más todavía y posé mis labios abiertos sobre la nuca con cabello de una rama.
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pierre louÿs,
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2008-04-07
Spring
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
¡Luminoso azul violáceo
celeste violeta claro
pálido lila rosado!
Parece que toda la vida he esperado
ver un color imposible
que adivino a penas
en el entramado mágico
del arcoiris esquivo.
A pesar de haber caminado
Sobre sus portentosas raíces
En todo lo que va del año
viéndolas romper el concreto
Que las busca aprisionar,
--Monstruos grisáceos y estoicos---
No podía imaginar
que en la cálida primavera
coronarían su melena
Con el color imposible
¡Las jacarandas en flor!
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poemas carlos vidali
2008-01-21
Don´t stop me now!
Jim Morrison
Poemas (1966-1971)
Copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo
An angel runs
Thru the sudden light
Thru the room
A ghost precedes us
A shadow follows us
And each time we stop
We fall
Un ángel corre
A lo largo de la repentina luz
a través del cuarto
un fantasma nos precede
una sombra nos sigue
y cada vez que nos detenemos
caemos
Poemas (1966-1971)
Copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo
An angel runs
Thru the sudden light
Thru the room
A ghost precedes us
A shadow follows us
And each time we stop
We fall
Un ángel corre
A lo largo de la repentina luz
a través del cuarto
un fantasma nos precede
una sombra nos sigue
y cada vez que nos detenemos
caemos
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jim morrison,
poemas carlos vidali
2008-01-18
Claudio Magris, la felicidad
Claudio Magris, la felicidad
Traducción: Carlos Vidali Rebolledo.
Publicado en el Corriere della Sera, 15 de agosto, 1999.
Y Solón dio una lección a Creso:
"Es rico quien tiene hijos y nietos sanos"
Los elixires prometen, casi siempre, larga vida, amor o felicidad: su lugar está en los puestos de las ferias de plaza o en los spots publicitarios, magnificados por algún merolico que se los brinda a los crédulos. Cierto, la existencia, gracias a Dios, sabe ser a veces también un vino fuerte y generoso que se bebe hasta el fondo, pero la pretensión de embotellarla en frascos etiquetados con fecha de caducidad es un gran engaño. Todo elixir que nos asegura la felicidad -o sea, todo optimismo confeccionado a un confortante sistema o concesión filosófica- es mentiroso, y no sólo se desliza con desenvoltura sobre el mal, sobre la oscuridad, sobre la infamia, sobre el dolor, los cuales tan grande y desigualmente se distribuyen entre los mortales que legítimamente hacen dudar de la bondad de todo el tinglado.
Es mentiroso porque falsifica, en su ampulosa retórica, también y sobre todo los momentos de gloria, de felicidad, de plenitud y de abandono que la vida nos regala; aquellos momentos cuando nos creemos inmortales y en los cuales -como dicen en un estupendo cuento de Kipling los animales divinos esclavizados por la industria del entretenimiento- se nos recuerda que hemos sido dioses. La vida es también un verano glorioso: dispensa amor, fraternidad, placer, risas y felicidad, pero todo esto es verdadero sólo si es vivido a contraluz de los desastres, las injusticias y los miedos sin nombre en los cuales también es pródiga.
Sí, muchas veces podemos decir, como el Toro o el León de Kipling, que hemos sido dioses y lo recordamos, siempre y cuando no se nos olvide que estamos también bajo el azote del domador.
Elixir remite a felicidad y esta última no puede ser proclamada, sólo puede ser vivida -o mejor dicho, se puede vivir en ella, pero no poseerla, como algo que se mete al bolsillo-. Si la felicidad y el amor se anuncian triunfalmente, como la adquisición del paquete mayoritario de acciones de una sociedad próspera, se convierten en un farolazo, en una elocuente conferencia sobre la vida en lugar de en la vida. La búsqueda de la felicidad, hasta en su definición, tiene casi siempre algo de doloroso. Lo ha expresado, con una intensidad que difícilmente encuentra igual, naturalmente un griego antiguo, al inicio de la civilización occidental: Herodoto, "el padre de la Historia",(1)en el primer libro de su obra.
Es una página en la que pienso quizá hasta demasiado seguido, desde hace muchos años, y que para mí está inextricablemente conectada con la felicidad o su ausencia. La leí por primera vez de joven, no directamente en Herodoto, sino en una admirable paráfrasis-comentario de Manara Valgimigli, el gran helenista, en una compilación de sus ensayos titulada La mula di don Abbondio. Encontré el libro en casa; Valgimigli se lo había regalado dedicado -cuando era bibliotecario en la Cassense- a mi tío Virgilio, hermano de mi padre, que fue alcalde de Ravenna y al cual debo quizá en parte mis sentimientos respecto a la unidad italiana y la simpatía por los funcionarios de Trajano, Napoleón o Francisco José.
Más tarde leí la página de Herodoto, pero pienso que fue una fortuna acercarme inicialmente a ella -como a otros grandes libros- a través de una alta y profunda divulgación que facilita la comprensión de un texto sin simplificarlo en modo reductivo. Un aspecto negativo del actual clima cultural es la escasa presencia de una divulgación de este tipo, sustituida a menudo por charlas tanto rebuscadas como simplonas.
Entonces, Herodoto cuenta como Solón, el sabio ateniense, de visita en los dominios de Creso, el riquísimo rey de los lidios, es interrogado por este último sobre quién es, entre todos los hombres que ha conocido o de los que ha oído hablar en sus viajes por los más variados países, el hombre más feliz. Creso espera que Solón le diga que él, por sus grandes riquezas.
Pero Solón nombra a Tello de Atenas, quien en un periodo de prosperidad para su patria había tenido hijos y nietos sanos e inteligentes, todos sobrevivientes, la fortuna más grande de la vida y, finalmente, ya anciano, había corrido a socorrer a su ciudad en peligro y había muerto valientemente en su defensa, dejando un recuerdo honrado por sus paisanos.
En el relato de Herodoto hay plenitud de vida, fundada sobre la armonía entre existencia individual y social, sobre un fuerte sentido de la continuidad que supera a la muerte del particular; la felicidad es dada sobre todo por ese gran Eros que se concretiza en el amor por los hijos y los nietos, el amor más grande de todos. Es esta felicidad la que permite afrontar con el rostro descubierto no sólo a los enemigos en batalla, sino a ese peligro más insidioso, parte de la vida misma, de su transcurrir y desvanecerse que tan a menudo parece insensato, lo que arrastra todo a la nada y pone en el corazón un espanto que nos induce a menudo a sentirnos, a cualquier edad, como niños perdidos en el bosque.
Pero, ¿si no se ha tenido aquello que tuvo Tello? No es sencillo ser Tello. Ese batallón de hijos y nietos y esa feliz relación con ellos, que parecerían un don fácilmente otorgable por los dioses, puede tornarse de golpe imposible, enturbiarse y trabarse sin razón. Y cada vez se ha hecho más arduo, para el individuo, sentirse en armonía con su mundo -quizá ignorando las injusticias sobre las cuales se funda- y combatir por él, es decir, no sólo morir sino también matar con la conciencia limpia. ¿Cómo están entonces las cosas, si no es posible -o ya no lo es- ser Tello de Atenas?
Solón tiene otra historia, que narra la suerte más feliz después de la de Tello. Versa sobre los dos hermanos Cleobis y Bitón, hijos de una sacerdotisa de Era. El día de la fiesta de la diosa, la madre tenía que asistir al templo con un carro para llevar a cabo el sacrificio pero no encontraban a los bueyes, así que los dos hermanos -que sobresalían en las lides atléticas- tomaron el yugo sobre las propias espaldas y jalaron el carro, con la madre y la parafernalia para el rito, durante un largo trayecto, hasta el templo. Después del sacrificio, la madre, conmovida por su piedad, pide a la diosa que los premie concediéndoles la mejor suerte posible que pueda tocar a un ser humano, la diosa promete concederlo. Cleobis y Bitón fueron festejados por el pueblo, participaron encantados en el banquete, en la fiesta, en los juegos y al final de ese día perfecto, mientras el sol se escondía en el cielo griego, se durmieron serenamente en el templo y nunca volvieron a despertar.
Quizá ninguna página contiene con tanta intensidad y relajada y compacta concisión el espíritu griego: su dulzura y su crueldad, la afirmación alegre de la vida y el pesimismo radical, la gracia y la maldición de haber nacido.
En esta fábula, la plenitud de la vida bordea a la nada y la felicidad lleva intrínseca una inefable melancolía. La existencia parece un día perfecto, un cielo alto e incorruptible, una noche que desciende lenta y gloriosa sobre horas de fiesta y de abandono. Pero en esa tersa claridad, como en la luz de ciertos días o en ciertos colores del mar, hay un sesgo doloroso, un absoluto doblemente insostenible. Por un lado está la sensación de que esa perfección podría terminar, que quizá concluirá, y entonces será difícil vivir. Pero por otro esa misma perfección y felicidad son quemantes y quitan la respiración, son dolorosas como la flecha de Apolo y nos hacen sentir discordantes con la vida en plenitud, incapaces no sólo de retener la felicidad sino hasta de mirarla de frente, al igual que no se sostiene la mirada de los dioses.
También algunos momentos de amor parecen una trampa de la vida, que ha hecho nacer la asociación entre amor y muerte -la perdición tristánica, el gran mar de la noche de Calipso-. También esos momentos que contienen la esencia de la vida piden eternidad y son a la vez insostenibles, como si fueran demasiado para las pobres espaldas de los hombres. "¿Cómo volteará Agathe, cómo sonreirá hacia la orilla?", se pregunta Ulrich en El hombre sin atributos de Musil, en aquellos capítulos sobre el "viaje al paraíso" que constituyen una de las más altas representaciones de la perdición amorosa, una felicidad indisoluble del horizonte marino en la que tiene lugar, pero tan intensa que los dos amantes no logran soportarla, de suerte que regresan a la vulgaridad, al flirt sin encanto y sin herida, a las ocupaciones y a las horas que se escurren en la nada pero que, no siendo nada, no acarrean dolor al desvanecerse.
La diosa hace morir a Cleobis y a Bitón no sólo porque, después de un día pleno, hubieran sufrido demasiado viviendo otros diferentes sino también porque ni siquiera habrían podido hacerle frente a muchos días como ése. Cierto, ese día no pasa nada excepcional, ninguna aventura extraordinaria, ningún éxtasis particular; sólo horas serenas, juegos, amistad, abandono. Pero Solón -o por él, Herodoto- sabe que la felicidad consiste en estas cosas aparentemente pequeñas y diarias, cuando la magia de una atmósfera, de una situación, de una concordia las une en un encanto irrepetible, en el que todo se tiene y una mirada, una risa, una complicidad, una correspondencia misteriosa entre un color del mar y el timbre de una voz contienen y dicen la esencia del vivir. Y cuando una constelación tal termina -se trate de una historia de amor o de dos días de feliz vagabundeo- es siempre una muerte. Y, al menos por un instante, puede fácilmente envidiarse la suerte de Cleobis y Bitón, temer aquello que podrá venir después.
Para Solón, sin embargo, Cleobis y Bitón tienen el segundo lugar: el primero le toca a Tello, es decir, a quien es capaz de insertar en la continuidad de la vida también todas las muertes, las separaciones, las pérdidas, las disgregaciones que la deshacen incesantemente. Si no se tiene esta fuerza de Tello, quizá sea mejor terminar como los dos hermanos, ignorantes de ese continuo deshilacharse de la existencia. Quizá es pobre quien no ha deseado realmente, al menos una vez, la suerte de Cleobis y Bitón, porque no ha tenido la experiencia de sentirse en el corazón de la vida. Pero si Tello no se hubiera despertado después de alguno de sus grandes días, no habrían nacido algunos de sus hijos y nietos, y él no sería Tello de Atenas, desde hace siglos el símbolo de la felicidad según el genio griego que, sin embargo, en otra ocasión ha proclamado, por boca de Sileno Marcias, que la mejor suerte, para los hombres, es no nacer o regresar lo más rápido posible por donde venimos.
Los tres felices de Solón tienen una ventaja sobre nosotros: ni Tello ni los hermanos conocen el destino del otro y su verdad. Tello puede ser feliz y honrar a los dioses porque sabe que su recompensa más alta puede ser no su suerte, sino la de los dos hermanos; éstos no tienen siquiera el tiempo de enfrentarse a la madurez y al éxito o al fracaso de la vida. Quien, sin embargo, ya sea por culpa o mérito de Herodoto, tenga una gran confusión en la cabeza sobre qué es la felicidad, no puede remitirse a ningún médico de familia para que le recete un buen elixir o reconstituyente que le esclarezca y fortalezca las ideas.
Nota
1 Algunos estudiosos consideran a Herodoto (485-420 a.C.) padre de la historiografía y dan el título de padre de la historia a Hesiodo (735 a.C.).
Traducción: Carlos Vidali Rebolledo.
Publicado en el Corriere della Sera, 15 de agosto, 1999.
Y Solón dio una lección a Creso:
"Es rico quien tiene hijos y nietos sanos"
Los elixires prometen, casi siempre, larga vida, amor o felicidad: su lugar está en los puestos de las ferias de plaza o en los spots publicitarios, magnificados por algún merolico que se los brinda a los crédulos. Cierto, la existencia, gracias a Dios, sabe ser a veces también un vino fuerte y generoso que se bebe hasta el fondo, pero la pretensión de embotellarla en frascos etiquetados con fecha de caducidad es un gran engaño. Todo elixir que nos asegura la felicidad -o sea, todo optimismo confeccionado a un confortante sistema o concesión filosófica- es mentiroso, y no sólo se desliza con desenvoltura sobre el mal, sobre la oscuridad, sobre la infamia, sobre el dolor, los cuales tan grande y desigualmente se distribuyen entre los mortales que legítimamente hacen dudar de la bondad de todo el tinglado.
Es mentiroso porque falsifica, en su ampulosa retórica, también y sobre todo los momentos de gloria, de felicidad, de plenitud y de abandono que la vida nos regala; aquellos momentos cuando nos creemos inmortales y en los cuales -como dicen en un estupendo cuento de Kipling los animales divinos esclavizados por la industria del entretenimiento- se nos recuerda que hemos sido dioses. La vida es también un verano glorioso: dispensa amor, fraternidad, placer, risas y felicidad, pero todo esto es verdadero sólo si es vivido a contraluz de los desastres, las injusticias y los miedos sin nombre en los cuales también es pródiga.
Sí, muchas veces podemos decir, como el Toro o el León de Kipling, que hemos sido dioses y lo recordamos, siempre y cuando no se nos olvide que estamos también bajo el azote del domador.
Elixir remite a felicidad y esta última no puede ser proclamada, sólo puede ser vivida -o mejor dicho, se puede vivir en ella, pero no poseerla, como algo que se mete al bolsillo-. Si la felicidad y el amor se anuncian triunfalmente, como la adquisición del paquete mayoritario de acciones de una sociedad próspera, se convierten en un farolazo, en una elocuente conferencia sobre la vida en lugar de en la vida. La búsqueda de la felicidad, hasta en su definición, tiene casi siempre algo de doloroso. Lo ha expresado, con una intensidad que difícilmente encuentra igual, naturalmente un griego antiguo, al inicio de la civilización occidental: Herodoto, "el padre de la Historia",(1)en el primer libro de su obra.
Es una página en la que pienso quizá hasta demasiado seguido, desde hace muchos años, y que para mí está inextricablemente conectada con la felicidad o su ausencia. La leí por primera vez de joven, no directamente en Herodoto, sino en una admirable paráfrasis-comentario de Manara Valgimigli, el gran helenista, en una compilación de sus ensayos titulada La mula di don Abbondio. Encontré el libro en casa; Valgimigli se lo había regalado dedicado -cuando era bibliotecario en la Cassense- a mi tío Virgilio, hermano de mi padre, que fue alcalde de Ravenna y al cual debo quizá en parte mis sentimientos respecto a la unidad italiana y la simpatía por los funcionarios de Trajano, Napoleón o Francisco José.
Más tarde leí la página de Herodoto, pero pienso que fue una fortuna acercarme inicialmente a ella -como a otros grandes libros- a través de una alta y profunda divulgación que facilita la comprensión de un texto sin simplificarlo en modo reductivo. Un aspecto negativo del actual clima cultural es la escasa presencia de una divulgación de este tipo, sustituida a menudo por charlas tanto rebuscadas como simplonas.
Entonces, Herodoto cuenta como Solón, el sabio ateniense, de visita en los dominios de Creso, el riquísimo rey de los lidios, es interrogado por este último sobre quién es, entre todos los hombres que ha conocido o de los que ha oído hablar en sus viajes por los más variados países, el hombre más feliz. Creso espera que Solón le diga que él, por sus grandes riquezas.
Pero Solón nombra a Tello de Atenas, quien en un periodo de prosperidad para su patria había tenido hijos y nietos sanos e inteligentes, todos sobrevivientes, la fortuna más grande de la vida y, finalmente, ya anciano, había corrido a socorrer a su ciudad en peligro y había muerto valientemente en su defensa, dejando un recuerdo honrado por sus paisanos.
En el relato de Herodoto hay plenitud de vida, fundada sobre la armonía entre existencia individual y social, sobre un fuerte sentido de la continuidad que supera a la muerte del particular; la felicidad es dada sobre todo por ese gran Eros que se concretiza en el amor por los hijos y los nietos, el amor más grande de todos. Es esta felicidad la que permite afrontar con el rostro descubierto no sólo a los enemigos en batalla, sino a ese peligro más insidioso, parte de la vida misma, de su transcurrir y desvanecerse que tan a menudo parece insensato, lo que arrastra todo a la nada y pone en el corazón un espanto que nos induce a menudo a sentirnos, a cualquier edad, como niños perdidos en el bosque.
Pero, ¿si no se ha tenido aquello que tuvo Tello? No es sencillo ser Tello. Ese batallón de hijos y nietos y esa feliz relación con ellos, que parecerían un don fácilmente otorgable por los dioses, puede tornarse de golpe imposible, enturbiarse y trabarse sin razón. Y cada vez se ha hecho más arduo, para el individuo, sentirse en armonía con su mundo -quizá ignorando las injusticias sobre las cuales se funda- y combatir por él, es decir, no sólo morir sino también matar con la conciencia limpia. ¿Cómo están entonces las cosas, si no es posible -o ya no lo es- ser Tello de Atenas?
Solón tiene otra historia, que narra la suerte más feliz después de la de Tello. Versa sobre los dos hermanos Cleobis y Bitón, hijos de una sacerdotisa de Era. El día de la fiesta de la diosa, la madre tenía que asistir al templo con un carro para llevar a cabo el sacrificio pero no encontraban a los bueyes, así que los dos hermanos -que sobresalían en las lides atléticas- tomaron el yugo sobre las propias espaldas y jalaron el carro, con la madre y la parafernalia para el rito, durante un largo trayecto, hasta el templo. Después del sacrificio, la madre, conmovida por su piedad, pide a la diosa que los premie concediéndoles la mejor suerte posible que pueda tocar a un ser humano, la diosa promete concederlo. Cleobis y Bitón fueron festejados por el pueblo, participaron encantados en el banquete, en la fiesta, en los juegos y al final de ese día perfecto, mientras el sol se escondía en el cielo griego, se durmieron serenamente en el templo y nunca volvieron a despertar.
Quizá ninguna página contiene con tanta intensidad y relajada y compacta concisión el espíritu griego: su dulzura y su crueldad, la afirmación alegre de la vida y el pesimismo radical, la gracia y la maldición de haber nacido.
En esta fábula, la plenitud de la vida bordea a la nada y la felicidad lleva intrínseca una inefable melancolía. La existencia parece un día perfecto, un cielo alto e incorruptible, una noche que desciende lenta y gloriosa sobre horas de fiesta y de abandono. Pero en esa tersa claridad, como en la luz de ciertos días o en ciertos colores del mar, hay un sesgo doloroso, un absoluto doblemente insostenible. Por un lado está la sensación de que esa perfección podría terminar, que quizá concluirá, y entonces será difícil vivir. Pero por otro esa misma perfección y felicidad son quemantes y quitan la respiración, son dolorosas como la flecha de Apolo y nos hacen sentir discordantes con la vida en plenitud, incapaces no sólo de retener la felicidad sino hasta de mirarla de frente, al igual que no se sostiene la mirada de los dioses.
También algunos momentos de amor parecen una trampa de la vida, que ha hecho nacer la asociación entre amor y muerte -la perdición tristánica, el gran mar de la noche de Calipso-. También esos momentos que contienen la esencia de la vida piden eternidad y son a la vez insostenibles, como si fueran demasiado para las pobres espaldas de los hombres. "¿Cómo volteará Agathe, cómo sonreirá hacia la orilla?", se pregunta Ulrich en El hombre sin atributos de Musil, en aquellos capítulos sobre el "viaje al paraíso" que constituyen una de las más altas representaciones de la perdición amorosa, una felicidad indisoluble del horizonte marino en la que tiene lugar, pero tan intensa que los dos amantes no logran soportarla, de suerte que regresan a la vulgaridad, al flirt sin encanto y sin herida, a las ocupaciones y a las horas que se escurren en la nada pero que, no siendo nada, no acarrean dolor al desvanecerse.
La diosa hace morir a Cleobis y a Bitón no sólo porque, después de un día pleno, hubieran sufrido demasiado viviendo otros diferentes sino también porque ni siquiera habrían podido hacerle frente a muchos días como ése. Cierto, ese día no pasa nada excepcional, ninguna aventura extraordinaria, ningún éxtasis particular; sólo horas serenas, juegos, amistad, abandono. Pero Solón -o por él, Herodoto- sabe que la felicidad consiste en estas cosas aparentemente pequeñas y diarias, cuando la magia de una atmósfera, de una situación, de una concordia las une en un encanto irrepetible, en el que todo se tiene y una mirada, una risa, una complicidad, una correspondencia misteriosa entre un color del mar y el timbre de una voz contienen y dicen la esencia del vivir. Y cuando una constelación tal termina -se trate de una historia de amor o de dos días de feliz vagabundeo- es siempre una muerte. Y, al menos por un instante, puede fácilmente envidiarse la suerte de Cleobis y Bitón, temer aquello que podrá venir después.
Para Solón, sin embargo, Cleobis y Bitón tienen el segundo lugar: el primero le toca a Tello, es decir, a quien es capaz de insertar en la continuidad de la vida también todas las muertes, las separaciones, las pérdidas, las disgregaciones que la deshacen incesantemente. Si no se tiene esta fuerza de Tello, quizá sea mejor terminar como los dos hermanos, ignorantes de ese continuo deshilacharse de la existencia. Quizá es pobre quien no ha deseado realmente, al menos una vez, la suerte de Cleobis y Bitón, porque no ha tenido la experiencia de sentirse en el corazón de la vida. Pero si Tello no se hubiera despertado después de alguno de sus grandes días, no habrían nacido algunos de sus hijos y nietos, y él no sería Tello de Atenas, desde hace siglos el símbolo de la felicidad según el genio griego que, sin embargo, en otra ocasión ha proclamado, por boca de Sileno Marcias, que la mejor suerte, para los hombres, es no nacer o regresar lo más rápido posible por donde venimos.
Los tres felices de Solón tienen una ventaja sobre nosotros: ni Tello ni los hermanos conocen el destino del otro y su verdad. Tello puede ser feliz y honrar a los dioses porque sabe que su recompensa más alta puede ser no su suerte, sino la de los dos hermanos; éstos no tienen siquiera el tiempo de enfrentarse a la madurez y al éxito o al fracaso de la vida. Quien, sin embargo, ya sea por culpa o mérito de Herodoto, tenga una gran confusión en la cabeza sobre qué es la felicidad, no puede remitirse a ningún médico de familia para que le recete un buen elixir o reconstituyente que le esclarezca y fortalezca las ideas.
Nota
1 Algunos estudiosos consideran a Herodoto (485-420 a.C.) padre de la historiografía y dan el título de padre de la historia a Hesiodo (735 a.C.).
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claudio magris,
poemas carlos vidali,
traducciones
2008-01-14
¡Deja de merodear!
Ya no habrá más rondas
Lord Byron
(Copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo)
Así es que ya no habrá más rondas
entrada la noche,
aunque el corazón siga amando,
y la luna siga tan brillante.
Como la espada deteriora su vaina,
y el alma desgasta al pecho,
el corazón debe detenerse a respirar,
y el amor mismo debe descansar.
Aunque la noche haya sido hecha para amar
y el día vuelva demasiado pronto,
a la luz de la luna,
más rondas, ya no habrá.
SO, WE'LL GO NO MORE A ROVING...
Lord Byron
So, we'll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.
For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the hearth must pause to breathe,
And love itself have rest.
Though the night was made for loving,
And the days return too soon,
Yet we'll go no more a roving
By the light of the moon.
Lord Byron
(Copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo)
Así es que ya no habrá más rondas
entrada la noche,
aunque el corazón siga amando,
y la luna siga tan brillante.
Como la espada deteriora su vaina,
y el alma desgasta al pecho,
el corazón debe detenerse a respirar,
y el amor mismo debe descansar.
Aunque la noche haya sido hecha para amar
y el día vuelva demasiado pronto,
a la luz de la luna,
más rondas, ya no habrá.
SO, WE'LL GO NO MORE A ROVING...
Lord Byron
So, we'll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.
For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the hearth must pause to breathe,
And love itself have rest.
Though the night was made for loving,
And the days return too soon,
Yet we'll go no more a roving
By the light of the moon.
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poemas,
poemas carlos vidali
2008-01-11
Las vagas pasiones
François-René de Chateaubriand, Choix de textes et introduction par G. Thibon, Éditions du Rocher, Monaco, 1948.
Falta hablar de un estado de ánimo que, nos parece, todavía no ha sido bien observado: aquel que precede al desarrollo de las pasiones, cuando nuestras facultades, jóvenes, activas, completas, pero encerradas, no se han ejercido mas que sobre ellas mismas, sin meta y sin objeto. En tanto más los pueblos avanzan en civilización, más aumenta este estado de lo vago de las pasiones; pues sucede entonces una cosa muy triste: la gran cantidad de ejemplos que tenemos a la vista, la multitud de libros que tratan sobre el hombre y sus sentimientos, nos hacen hábiles sin experiencia. Estamos desilusionados sin haber gozado, los deseos permanecen, pero ya no tenemos ilusiones. La imaginación es rica, abundante y maravillosa; la existencia pobre, seca y desencantada. Habitamos, con un corazón pleno, un mundo vacío; y sin haber puesto a prueba nada, estamos desengañados de todo.
La amargura que este estado de ánimo derrama sobre la vida es increíble; el corazón se retuerce y se repliega en cien formas, para emplear las fuerzas que siente que le son inútiles.
(Copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo)
Falta hablar de un estado de ánimo que, nos parece, todavía no ha sido bien observado: aquel que precede al desarrollo de las pasiones, cuando nuestras facultades, jóvenes, activas, completas, pero encerradas, no se han ejercido mas que sobre ellas mismas, sin meta y sin objeto. En tanto más los pueblos avanzan en civilización, más aumenta este estado de lo vago de las pasiones; pues sucede entonces una cosa muy triste: la gran cantidad de ejemplos que tenemos a la vista, la multitud de libros que tratan sobre el hombre y sus sentimientos, nos hacen hábiles sin experiencia. Estamos desilusionados sin haber gozado, los deseos permanecen, pero ya no tenemos ilusiones. La imaginación es rica, abundante y maravillosa; la existencia pobre, seca y desencantada. Habitamos, con un corazón pleno, un mundo vacío; y sin haber puesto a prueba nada, estamos desengañados de todo.
La amargura que este estado de ánimo derrama sobre la vida es increíble; el corazón se retuerce y se repliega en cien formas, para emplear las fuerzas que siente que le son inútiles.
(Copyright de la traducción Carlos Vidali Rebolledo)
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poemas carlos vidali
2007-11-29
La peda erótica...
El vino de los amantes
Carlos Baudelaire
Copyright de la trad. Carlos Vidali Rebolledo
¡Hoy día el espacio está espléndido,
sin freno, sin espuelas, sin brida,
partamos a caballo sobre el vino
hacia un cielo maravilloso y divino!
¡Cómo dos ángeles a los que tortura
una implacable calentura,
Sigamos el lejano espejismo
en el cristal azul de la mañana!
¡Suavemente balanceados sobre el ala
del torbellino inteligente,
en un delirio paralelo,
nadando codo a codo,hermana,
huiremos sin descanso ni tregua
hacia el paraíso de mis sueños!
Carlos Baudelaire
Copyright de la trad. Carlos Vidali Rebolledo
¡Hoy día el espacio está espléndido,
sin freno, sin espuelas, sin brida,
partamos a caballo sobre el vino
hacia un cielo maravilloso y divino!
¡Cómo dos ángeles a los que tortura
una implacable calentura,
Sigamos el lejano espejismo
en el cristal azul de la mañana!
¡Suavemente balanceados sobre el ala
del torbellino inteligente,
en un delirio paralelo,
nadando codo a codo,hermana,
huiremos sin descanso ni tregua
hacia el paraíso de mis sueños!
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2007-11-16
Darse cuenta
La anagnórisis de Tántalo
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Bajo los ojos de Tántalo corre el agua,
lame y humedece las paredes de una roca,
brillante fuente que la contiene y la produce:
Se ilumina su mirada de animal sediento.
Tántalo respira el aroma de la tierra
que cambia de color y de textura
al ser mojada por el flujo
de una lengua, controlada y fina.
Tántalo toca el agua desbordada,
en sus falanges la suavidad, la frescura, el frìo.
El agua llena el cuénco de la mano de Tántalo,
le da forma, se dan forma mano y líquido,
unas gotas juguetonas se le escapan,
Tántalo se emociona, Tántalo se excita:
Apura el tesoro rebosante a sus resecos labios,
y sólo encuentra el placer de besar su propia mano.
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poemas carlos vidali
2007-11-09
Mouvement
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
No es el alto cielo
ni la profunda tierra
quienes me invitan a caminar
No es el silbante aire
el que me obliga a desplazarme
Es algo adentro
mi corazón abierto
y mi pensamiento
liberado
me llevan más allá
de todos los elementos
No es el alto cielo
ni la profunda tierra
quienes me invitan a caminar
No es el silbante aire
el que me obliga a desplazarme
Es algo adentro
mi corazón abierto
y mi pensamiento
liberado
me llevan más allá
de todos los elementos
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2007-10-25
I can get no...
La mujer enamorada, que se quiere enamorar más y correr como un mostranco..., mostranca más bien... una mujer que hace una cama en la que no está satisfecha..., quiere sentir "el verdadero amor" la pasión: un galope desnuda montando un caballo salvaje (sobre un "mustang")
Pasión III
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Galopar desnuda sobre un caballo salvaje
Correr sobre la cuerda floja
morder brillantes cristales coloridos
mirar durante horas al sol radiante
Tocar el rojo vivo de las brasas encendidas
saborear veneno dulce
lentamente atravesar la cortina de llamas
oir la explosión de un volcán vecino
afirmar los pies al suelo mientras tiembla
sumergirse años en el profundo océano
saltar alegre al precipicio
Ver y oír el video
"Wild Horses"
NATASHA BEDINGFIELD
Hmmm woah yea...
I feel these 4 walls closing in
My face up against the glass
I'm looking out... hmm
Is this my life I'm wondering
It happened so fast
How do I turn this thing around
Is this the bed I chose to make
Its greener pastures I'm thinking about hmm
Wide open spaces far away
All I want is the wind in my hair
To face the fear but, not feel scared
[Chorus:]
Wild horses I wanna be like you
Throwing caution to the wind
I'll run free too
Wish I could recklessly love, like I'm longing to
Run with the wild horses, run with the wild horses!
Oh yeah yea
I see the girl I wanna be
Riding bare back, care free along the shore
If only that someone was me
Jumping head first headlong without a thought
To act and damn the consequence
How I wish it could be that easy
But fear surrounds me like a fence
I wanna break free
All I want is the wind in my hair
To face the fear but, not feel scared
Hoohhh woah woah
[Chorus:]
Wild horses I wanna be like you
Throwing caution to the wind
I'll run free too
Wish I could recklessly love, like I'm longing to
I wanna run with the wild horses, run with the wild horses!
Oh yeah yea
I wanna run too.
Hohhh woah oh woah oh
Breaklessly abandoning my self before you
I wanna open up my heart tell him how I feel
[Chorus:]
Wild horses I wanna be like you
Throwing caution to the wind
I'll run free too
Wish I could recklessly love, like I'm longing to
I wanna run with the wild horses, run with the wild horses! [X2]
Hooaah woah oh woah
Yeah
I wanna run with the wild horses
Pasión III
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Galopar desnuda sobre un caballo salvaje
Correr sobre la cuerda floja
morder brillantes cristales coloridos
mirar durante horas al sol radiante
Tocar el rojo vivo de las brasas encendidas
saborear veneno dulce
lentamente atravesar la cortina de llamas
oir la explosión de un volcán vecino
afirmar los pies al suelo mientras tiembla
sumergirse años en el profundo océano
saltar alegre al precipicio
Ver y oír el video
"Wild Horses"
NATASHA BEDINGFIELD
Hmmm woah yea...
I feel these 4 walls closing in
My face up against the glass
I'm looking out... hmm
Is this my life I'm wondering
It happened so fast
How do I turn this thing around
Is this the bed I chose to make
Its greener pastures I'm thinking about hmm
Wide open spaces far away
All I want is the wind in my hair
To face the fear but, not feel scared
[Chorus:]
Wild horses I wanna be like you
Throwing caution to the wind
I'll run free too
Wish I could recklessly love, like I'm longing to
Run with the wild horses, run with the wild horses!
Oh yeah yea
I see the girl I wanna be
Riding bare back, care free along the shore
If only that someone was me
Jumping head first headlong without a thought
To act and damn the consequence
How I wish it could be that easy
But fear surrounds me like a fence
I wanna break free
All I want is the wind in my hair
To face the fear but, not feel scared
Hoohhh woah woah
[Chorus:]
Wild horses I wanna be like you
Throwing caution to the wind
I'll run free too
Wish I could recklessly love, like I'm longing to
I wanna run with the wild horses, run with the wild horses!
Oh yeah yea
I wanna run too.
Hohhh woah oh woah oh
Breaklessly abandoning my self before you
I wanna open up my heart tell him how I feel
[Chorus:]
Wild horses I wanna be like you
Throwing caution to the wind
I'll run free too
Wish I could recklessly love, like I'm longing to
I wanna run with the wild horses, run with the wild horses! [X2]
Hooaah woah oh woah
Yeah
I wanna run with the wild horses
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natasha bedingfield,
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2007-10-24
Preguuuntame
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Una pregunta,
y una respuesta que se alarga...
mil divertimentos
genera
la pregunta
y la respuesta
que se enreda
y sube, y asciende, y se monta
en el aire
por el que trepan las palabras.
Una pregunta,
y una respuesta que se alarga...
mil divertimentos
genera
la pregunta
y la respuesta
que se enreda
y sube, y asciende, y se monta
en el aire
por el que trepan las palabras.
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2007-10-23
Gimme a break
En aguas (perro de aguas)
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Quiero liberarme
y quiero liberarme yo
de esta correa
con la que me arrastras
como a un perro
perro faldero
liberarme de la oscuridad
bajo tu falda
verte a la distancia
mis decisiones
serán mis decisiones
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queen
Ya callites...
The fall of love
Copyright Carlos Vidali Rebolledo
Caer en tus garras
en tu abrazo arrebatador
de toda conciencia y voluntad
apretarme junto a ti
en la noche circundante
para ser luego liberado
y caer
c
a
e
r
sobre el polvo
seco
y
húmedo
morderlo pen(s)ando en tu olvido
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